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29 de septiembre de 2016

Mejor partido

29 de septiembre de 2016
Yo solo tengo ojos para ti,
mi mejor partido,
y no soy, aun cuando tanto me les parezca,
como esos más que optan por dirimir
frente al televisor otro, pero de futbol,
que a su emoción pudiera haber prendido.

Aunque bien sé que yo a tus ojos
no paso de ser mejor que uno de bádminton:
gallito que, con su esperanza, vuela
de aquí para allá, de allá para acá,
atenido al revés de tu respuesta,
hoy por tu verde amor atlético muero
y siendo para ti, palabra, mejor partido.

Ay partido mejor fuera
por el filo de tus labios.
Estando lejos de tus humedades
soy desierto, solo
sal de soledades
besos agrietados,
boca que la ausencia ha partido.

No quiero imaginarte sombra,
otra más; silencio insistente,
nota de un bemol ay sostenido
que de mi puerto ha pretendido
hacerse costa a lontananza.
Quiero imaginarte,
tu corazón al mío asido,
en el nombre que te nombra
y en cada sílaba ansiosa
en que yo, poeta atrevido,
osé mi amor por ti haber partido
para esconder entre resquicios
de paciencia y de templanza
este furor que, aun así, en la distancia
y tras el tiempo transcurrido
insiste en presentarme para ti
en la promesa independiente,
sin otro más que tú cual mejor partido.

Tómame, ya. ¡Decídete! y dámelo todo
tu voto de confianza,
no sea que mañana te des cuenta
que me hice verbo
y, sin indiferencia de la muerte cruenta,
hubiere considerado mejor haber partido
playing chess with you, my Queen,
as if a teen Death had touched my chest.

Este clavo final

29 de septiembre de 2016

Éxtasis
Fotocomposición: José Antonio de la Vega Torres
Cuatro clavos puesto he yo
en los confines de tu cuerpo,
cada cual en un rincón de ti, mi cruz:
uno en cada mano para que los asgas
como quien se aferra a un secreto;
un tercero entre tus labios,
para meter mi lengua en tus entrañas
y con ella preñarte con cada signo
navegante en mi palabra.
El último, el final, lo reservé
para introducirlo entre tus ansias
y desde el fundamento
atravesar sin miramiento
una a una tus ingenuas resistencias
y así hincarlo hondo y muy adentro
de ese oscuro y palpitante pozo, ay corazón,
donde yo esta sed saciar consiga
pues tu sangre cual tu humedad ay me domina.

Está esta estaca estipulada,
por decreto del prurito de mi alma,
para arraigarse en tu piel,
hacerse poema verde
idea y mañana
y tal vez
del fruto de este amar
de entre tu tierra,
en la huerta en tu entrepierna,
ay sulamita, yo renazca.

Ya que ay vivo ay ya tan en eterna soledad
y sin que un remedio poner yo pueda
al abandono terco de tus besos
y puesto que ya ni siquiera en el verdor
de tus ojos ay yo me miro,
en esta prolongada orfandad
ya no me miro si no es clavado
así en tus brazos, así en tus sueños.

Tu silencio me agobia con su asedio,
seña como es ay de tu ausencia.
Mi triste pluma, anhelante de tus denuedos,
se sabe enhiesto miembro de esa sociedad
templaria que haya resguardo entre tus manos
y cuya consigna en el orgasmo es ay mi lamento,
gemido que estalló una noche
de perdida esperanza
elevada en el tapiz del viento.


26 de septiembre de 2016

Mi amor marinero

26 de septiembre de 2016
Hoy hago ahora, aquí y así,
mi propio personal pleonásmico
mi amor marinero,
para sumarlo a esos otros
hundidos entre farallones,
recobrados de entre atolones,
coloreados por los arrecifes
y sus tramposos oleajes de ensueño.

Quiero decir, —como ese tema de Alejandry,
tan parecido al de aquel otro de España—,
que tu piel sencillamente
como el mar sabe salada;
pero eso de ti, mi Venus, a nadie extraña,
pues Poseidón bien sabe
que es tu vientre el dique
donde rompe mi ansiedad
y la humedad entre tus labios
donde hallo la ardiente frescura,
la espumosa marea de tu furor orgásmico.

Es ahí, dentro de ellos, mar adentro,
donde mi lengua encalla,
cuando mi poesía
por tu voluntad calla
y pasa a la historia el verso
como si corsario fantasma.

En este momento tener quisiera
—como aquellos, Bazán y Tejero—
el sedoso y seductor pañuelo
para hablarte, caray,
y mi celo con él dejarte;
para que luego te afanaras
e hicieras de tus brazos amarras
con los que mi cuerpo marinero
en tu bahía salada retuvieras,
mientras con tus mareas ay me amaras
y con tu boca ay haciéndote mía
entre coplas me dijeras:
«niño mío, cómo te quiero;
tan pronto al amar no te vayas,
que sin tu verde querer yo me muero».

Ah, si más allá del subjuntivo yo pudiera,
contigo en el viento me embarcaba,
al mástil de mi deseo te ataba,
mascarón de mi existencia te hacía
y, oteando cual Macaco desde tu pecho,
seguro la tierra prometida avisorara;
y, así, de mis ansias vigía,
en tus colinas a lontananza
no el fin, sino el origen del mundo anunciara:
¡He ahí el puerto presente!
donde anclar nuestra esperanza,
esa que con la distancia pica y pica
y aunque tú quieras no se te quita
por ser resabio de verde amar
con sabor salado, marinero amor.

Y es que una verdad riela como luna
en la verde mar de nuestras caricias:
tú y yo somos arena,
tiempo cernido que yace en la ribera
y apenas remueve la ostra cuando respira,
o recorre el beso cangrejo
cuando sobre tus labios se desliza,
dejando huellas de presurosas rimas,
iguales a la que es de Abraira melodía
que me pinta en tus ojos de marina
siendo velero que en tu playa viene y va
hasta dejarte ebria de luna a los ojos de Dios,
hecha el remanso donde yo hallo mi paz
y la gana cual amor marinero
al cabo solo dice al solitario adiós.

Este, amor mío, por ti es marinero
que temerario se aventura
rodeando decidido tu cintura,
desafiando tu temperamental oleaje
para perderse en el confín del mapa
con la marca donde mi tesoro
y el embriagador brebaje escondes.
Por ello navego bordeando tu costa
hasta hallar guarida tras el Bósforo
entre tus acantilados muslos de caliza.

Si yo, como el Jaramillo te cantara…
entre los escombros de recuerdos crecería,
en tu vulva ruderal sería
de amaranto diminuta, blanca, leve semilla
que el aire suave levantara
como a la vela del barco del olvido
y en él yo, especie de rancia especia,
como ahora en tu cuerpo, me embarcara,
para venirme sobre ti cual dulce carga,
dejar en tu boca esencia de vainilla,
y así embriagarme con el Pernod de tus verdes ojos
de verde amar que en la mar flotando hallara.

Es este mi amor marinero,
amor salado que viene y va.
Poema que es marea que lleva y trae
y el cual, cuando tu mirada lo vea,
entre espuma verbal tu paso envolverá.










31 de agosto de 2016

Camino entre tus labios

31 de agosto de 2016
Miro tu cuerpo y miro
miro el camino
camino de espejos
donde yo me he deshecho
y te miro senda en el lecho
donde yo me adentro
y camino dejando huellas de caricias
que acaricias mientras te miro
e imaginas mientras en tu regazo duermo.

Como aquel recurrente espejo
miro tu cuerpo y me miro
andando muy adentro
de la rosada y carnosa y profunda
senda que te miro
y mis labios recuerdan
el paseo que siguió mi lengua,
trazando con su babaza
el camino entre tus labios de caracola;
haciendo del deseo palabra
y de la palabra la ardiente mirada
anclada en la hendidura
por la que me llevas a adentrarme
a arraigarme mirando a la mirada que mira
a la mirada mirando que es mirada
haciéndose carne entre la carne
que se hace mirar apenas el deseo se aventura
un poco más allá de la frontera en tu cintura.

Escribí con mi blanca pulpa,
con mi puño y con tu letra
el signo, alfa y omega
en el polvo que contigo levanté
cuando al despojarte de la falda,
nos liberé de andar el camino de la culpa,
la que, bien mirada, solo los necios
de soslayo miran
cuando la conciencia les dibuja raja
y por semejante surco los penetra.

29 de agosto de 2016

Alas sin viento

29 de agosto de 2016
Algo que puedo amar de esta fotografía
(aparte de a ti, por supuesto)
es de las formas la armonía:

El ala del sombrero cae;
es falda del cielo
sobre la noche que entinta tus cabellos.

La blanca falda de tu atuendo
es cielo que cubre discreto
los pedestales del anhelo
ondea y vuela como esta alocada idea
que insiste en el denuedo
de cobijarte, amor,
bajo el ala de mi devoto celo.

Este afán por ti me retiene, musa,
con gana de ser en ti, en tu mirada,
tan siquiera furtivo, blanco destello,
línea, trazo de prístina sonrisa
que con mi dicha sin duda hace juego.

Entre tus manos no me tienes,
entre las mías no me contengo.
Fuera por entre tus labios beso… Así sabría,
en mi audacia de alas sin viento,
cuánto de lo que digo o hube dicho
por causa de mi ansiosa lengua
te asegura con breve poema al vuelo
más que amante luna que mengua,
simplemente como la verde esperanza mía.

16 de agosto de 2016

Quiero imaginarme

16 de agosto de 2016
Quiero imaginarme horizonte
para estar ante tus ojos
cuando a lontananza miras
con esa decisión que te caracteriza
de seguir avante con rumbo a tus metas.

Quiero imaginarme meta,
para estar entre tus objetivos predispuestos;
para ser el punto sobre el que concentras
todos tus ensueños, todos tus afanes
de construir el sendero rumbo a tu prenda.

Quiero imaginarme roja vestimenta,
para ceñir tu pecho palpitante
y ser ese andar que por momentos te sofoca.
Quiero imaginarme siendo la salada humedad
que en esos momentos con ansia te recorre
y ser río y cascada de anhelos,
expresión del disciplinado esfuerzo,
denuedo que deriva al delta
donde mi mirar encauza rumbo a mi horizonte.
Quiero imaginarte, mi horizonte,
imaginándome siendo oportunidad, vida
de mi vida tu real y verdadero
motivo que, aupado en la palabra,
a tu pecho migre y de ahí a mí tu alma tramonte.

11 de agosto de 2016

Nocturno cuarteto

11 de agosto de 2016


Soy ese oscuro sueño,
esa noche cálida que se clava
en el fondo mismo de tus ojos,
esa sombra que cobija al día
y se hace en tu cuerpo contorno de caricia.

Soy el telescopio que se adentra
entre la curvilínea lontananza,
que apunta al basamento
que a mi mundo salva,
y haciéndome en la paja de la noche
extraviado anhelo llegas tú
y te vienes estelar indicio,
pléyade que con el resto llévame a su boca
en calidad de láctea palabra.

Soy ese camello que pasa a la gloria
por el mirífico orificio de la luna
que entre tus formas cadenciosas ay
por mi sin duda aguarda
al duende que haga de ti mi fortuna.

Mientras, tú te cuadriplicas,
te bifurcas y me abres los senderos
por los cuales allegarme
de tus ansias los veneros.

En la encrucijada la duda toma curso,
se hace río negro,
me encausa por la rubia alborada,
me invita a recorrer el moruno derrotero,
pero también a perder mis dedos
entre el follaje de la castañeda ahí delante.

De cuatro amigas soy
ese fulgor en la mirada
saeta lista y entregada
para el placer universal
de una noche de verano.

Soy de todas y de ninguna.
Noche que culmina en el cuarteto.
Deseo que se escribe así, sincero.
Ay si entre los labios del nocturno
yo me hiciera verbo taciturno…

Ten por seguro, musa,
ya tu cuádruple epifanía
me va anunciando
que tal vez mi lúbrico decreto
te vaya haciendo cuatro veces mía

como a todas y ninguna.

5 de agosto de 2016

Vano nocturno

5 de agosto de 2016
Asomada a tus ojos, la noche.
La noche que se cuela por tu ventana.
Aire y donaire de tu esbelta figura
es trampa de estos sueños míos
como leves y tibios soplos
con que mi deseo se aventura
a abrasarte, a pesar de la distancia,
al rodear con mi mirada tu cintura.

El andaluz duende te ha vestido,
ah mora mía, de luna menguante,
tú sonrisa, pasa como mi alma por el vano
y vuela a lontananza. Te haces ave
con piel de nocturno cuando asomas,
maja, desnuda, ay alma, a la ventana
a la ventana abierta de mis ansias.



Líneas

5 de agosto de 2016
Sobre tu piel vengo siendo
signo, línea, luz y sombra;
palabra silenciosa que se escribe
con la caricia leve de la boca;
trazo que hiende tu espalda, senda,
dorsal espina que en mi ansia clava
la raíz y nervadura
que me ata a tu breve cintura.

En tu espalda dejo plasmada la rima
y ahí la olvido y la reinvento,
para que siga las líneas;
no las del verso irredento,
posible engendro de mi pobre talento,
sino la del gemido que yo puedo
arrancarte desde la caricia que imagino
en mi mano rodeando tu voluptuoso pecho.

He quedado sin remedio enamorado
de esa fuerte espalda verde como valle extenso
donde la ilusión germina a tal punto
de hacer mi deseo por ti y con el tiempo,
si tú quieres, amor en bosque denso.


Foto: Daniela Guerrero, atleta fitness (Perfil Facebook)

3 de agosto de 2016

Touchée!

3 de agosto de 2016
Tu sonrisa es estocada que se me clava
en lo más hondo del corazón.
Es por tus lances que yo pierdo la razón,
esta pluma mía de tu cuerpo se hace esclava.
Léeme, allez vous!,
que mi voz entre tus labios es ardiente lava.

Voy haciendo el envite en afán de cortar tu silencio.
Pase adelante y pase atrás, rasgo con el verbo
el aire en tu derredor y así me abro camino
hacia tu pecho, mostrándome, sin embargo, protervo,
en la intención de hacerme a tus ojos el motivo.

Arrête! Tu negro mirar mis defensas ataja
y llega al punto y timbra y pulsa
con cada golpe mis vulnerables ansias.
De poco vale mi riposte en tu círculo mágico,
donde apenas puedo ser de ti rival, musa,

con el fino filo de esta mi fugaz palabra.

Paola Pliego, esgrimista mexicana.

7 de julio de 2016

Dama con gafas

5-7 de julio de 2016


Una satisfecha sonrisa, sutil,
remata con trazo de realista pincel
su retrato. Mira más allá del dintel.
Cálido, el solo acaricia su perfil.

Una idea, tal vez un recuerdo gentil,
asoma tierno, deslizando por su piel.
Atrapada queda en el reflejo aquel:
rasgo de luz, sapiencia senil.

En el salón de la belleza
todo es tiempo, pausa, ocasión;
palabras que peinan certeza.

Mañana que asoma al corazón.
Calma, solo calma y no pereza.
Moderna Gioconda en el cuadro de mi razón.

Moderno Tespis

6-7 de julio de 2016


El Santo Andrés, mesías nos recuerda
que el Dios está entre nosotros
y es hijo del lobo y la heredera
del empecinado, sufrido ancestro obrador.

Marcha con paso lento por esos reales caminos,
por esas calles y esas sendas
las que se adentran en el México bravo,
en el México de sí mismo olvidado.

Con vocación de arriero, por bueyes llevado,
transporta sueños, la esperanza a sus molinos.
Alza su voz y su dedo y su ceja
y, obseso, como Juárez deambula;
de su pastoral empeño no ceja.

Su ideario traza fundamento maniqueista.
Su anquilosada política por iracundia lo pierde.
Viniendo de la tierra del verde,
guiando con la izquierda, por la derecha rebasa populista.

Aquellos lo tachan de loco, politicastro;
esos más de allá lo veneran;
unos por su hablar lo vituperan,
otros por su causa le erigen altar a la morena.

En la boca de poetastros
se hace rayo de sol, prístino derivado
de un ayer cuando la razón dejaba rastro.
Mas hoy es la locura la que hace indicios
de una rima convertida en histórico vado.

El Santo Andrés montó en su teatro.
Como ayer hiciera Tespis,
con su carreta indicó el sendero a la tragedia,
pero en Chiapas y Oaxaca el pueblo ay tan agraviado
solo vio de su discurso agudo drama, triste comedia.

Es, sin duda —qué razón, Hécuba—, Afrodita
la afrentosa causante de la humana locura.
San Andrés, cual Penteo, con su nombre va
predicando, clamando —según Tiresias—
las penas oh México que por el despeñadero te esperan.

De profética misoginia,
el apóstol ve en el báquico rito femenino
los motivos por los que aferrarse
de las magníficas Bacantes,
sin caer en cuenta que serán ellas, profesoras amantes,
quienes volubles habrán de destrozarlo fino.